Maestro del año


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En La Harada, Nahuaterique, el gallo canta desde las cuatro de la mañana. Con el sonido estruendoso de la danza de los pinos provocado por el viento intenso, Jesús Ermelindo Vásquez se levanta a comenzar su agotadora, pero satisfactoria, jornada de trabajo.

El joven de 23 años, poblador de una comunidad localizada en la línea divisoria entre Honduras y El Salvador, fue elegido en septiembre pasado el maestro del año.

Compartió durante 24 horas con LA PRENSA su pasión por ver prosperar la niñez que lo rodea y el anhelo de ver a su pueblo como un municipio más del departamento de La Paz.

Sin un tan solo rayo de luz penetrando en su ventana de madera comienza a prepararse para viajar a la comunidad de Las Trojas, adonde se encuentra la escuela en la que imparte el pan del saber a más de 20 niños que llegan de diferentes zonas de Nahuaterique, uno de los bolsones recuperados por Honduras en 1992 tras una disputa por territorio con El Salvador.

Se baña con agua helada, casi congelada. Prepara sus libros de matemáticas, español y estudios sociales, luego lustra sus zapatos. Le da un beso a su madre que en ese instante le prepara el desayuno en un fogón, se alista para abrir la puerta que, como suele ser en algunas viviendas del interior, está divida horizontalmente en dos partes.
Al salir recibe una fuerte brisa que lo obliga a cubrirse la cabeza. El cielo aún está oscuro, y todavía se asoman algunas estrellas. Se acerca a Pinto, su fiel y pasivo caballo color blanco con manchas negras, para darle de comer.

Termina la tarea, que durante los últimos 10 meses se ha vuelto una tradición, vuelve a la casa y toma las tortillas de maíz acabado de moler y una olorosa taza de café humeante para desayunar. Luego observa meditando el crucifijo colocado en la pared de arcilla de su humilde vivienda y se despide. Son las cinco de la mañana y es hora de partir, le esperan al menos dos horas y media a caballo para poder llegar a su centro de trabajo.
Monta su corcel y emprende una agotadora travesía en medio de montañas verdes y un suntuoso camino de herradura. Sus pensamientos se agotan, el frío y la sed lo debilitan tanto que a mitad de camino reposa.

En el recorrido hay nacimientos de agua que lo ayudan a refrescarse, también animales salvajes que más de alguna vez lo sorprenden, entre ellos serpientes y alacranes.
“En una ocasión me agarró la lluvia y a 100 metros de donde estaba con Pinto cayó un rayo que me dejó sordo varias horas, estoy vivo de milagro”, comparte Vásquez.
Sube a rincones tan altos que alcanza a ver el camino que recorrió y que le queda por recorrer con la esperanza de que cada paso que da lo acerca más a su destino. Nosotros lo acompañamos, a ratos a pie, a ratos a caballo, y fue en verdad toda una aventura.

Luego de un precipitado descenso, se ve a lo lejos una bandera en asta, dos niños y dos aulas de madera: ha llegado a su lugar de trabajo, la escuela Futuro del Mañana, son las 7:30.
El centro educativo es uno de los 10,531 que existen en zonas rurales del país, los cuales carecen de una buena infraestructura y materiales pedagógicos.

Luego de esperarlos media hora, el profesor egresado de la escuela Normal Mixta de Marcala, La Paz, comienza clases, no sin antes hacer la tradicional fila de pequeños y revisar el higiene de sus manos.

“¡Buenos días, niños! ¿Cómo están? Vamos a comenzar con las actividades de este día”, son las primeras palabras del maestro.
Continúa con la entonación del Himno Nacional de Honduras, el cual le costó hacer valer ante la negativa de varios padres de familia que aún llevan en la sangre el espíritu salvadoreño.

Antes de llegar a la escuela nos reveló que “en una reunión les dije -a los padres de familia- que si íbamos a usar libros salvadoreños teníamos que usar libros de toda Centroamérica y que si íbamos a usar la bandera salvadoreña usaríamos las otras cinco; pero si querían una sola, esa sería solo la de Honduras”.

A pesar de que imparte clases a segundo, tercero, quinto y sexto grado simultáneamente, logra que todos entiendan a la perfección, de tal forma que los menores en segundo grado ya escriben y leen con fluidez y quienes están en tercero ya escriben en carta y molde, incluso, dicen varias palabras en inglés que él les ha enseñado a pesar de no tener un dominio absoluto del idioma extranjero.

El profesor voluntario Santos Argueta le ayuda con los más pequeños en kínder y también se encarga de asistirlo cuando raras veces no puede llegar.
En la escuela de madera y piso de tierra no hay timbre, ni siquiera luz, cuando el reloj marca la una de la tarde las clases terminan. Fueron cinco horas que son como agua en el desierto para los niños.
Vásquez toma 30 minutos para dialogar con los pocos padres que llegan a traer a sus hijos desde distancias aún más largas que las recorridas por él. Les expone las actividades futuras y el avance de sus pupilos. Después, a 20 pasos del centro escolar, quita el nudo del árbol y jala a Pinto para volver a casa.

El regreso es sofocante, el frío ya fue desplazado por los rayos intensos del sol y el camino en gran parte va cuesta arriba.
Jesús sabe y advierte que quien lo acompañe sufrirá de calambres en el recorrido y toda la noche después. Yo lo comprobé.

El maestro recuerda la ocasión que el ministro de Educación, Marlon Escoto, lo acompañó al recorrido y tuvo que asistir a varios de sus guardaespaldas que no resistieron el extenuante recorrido de ida y regreso, que hacen un total de 60 kilómetros.

“Era un hombre de 300 libras que no resistió ni la mitad del camino y tuve que darle a Pinto para que lo llevara en todo lo que restara del viaje”, recuerda con una sonrisa.

Cuando son las cuatro de la tarde, el sonido del galope del caballo se acerca anunciando la llegada del mayor de los ocho hijos de don Ermelindo y doña Julia, que luego de saludarlos y acomodar sus materiales descansa para comenzar a bañar a su medio de transporte y darle de comer.
Las pocas horas que quedan antes que anochezca son utilizadas por el maestro para cenar y planificar las clases del siguiente día.
En ocasiones decide cenar fuera, va a la casa municipal de Nahuaterique, construida de madera y que está a media hora de su casa. Allí saborea la especialidad del pueblo, las pupusas de cinco lempiras y un chocolate caliente que se convierten en el manjar del día.

Jesús es muy conocido en el pueblo por su espíritu aventurero y su deseo de cambiar la educación de Nahuaterique.
Eso nos dieron a entender cuando llegamos al exbolsón.
Para muchos es “un loco” que pasa la mayor parte de su tiempo en las montañas que recorre para llegar a su trabajo.

En su casa, cuando la oscuridad es profunda y la única luz es la esplendorosa luna y los astros que la acompañan, apaga la lámpara de batería. Revisa el reloj que marca las nueve de la noche, vuelve sus ojos a la pared donde está el crucifijo y se duerme pensando en el siguiente día.

Su heroico esfuerzo por impartir clases en la única escuela en uno de los rincones abandonados por el Gobierno de Honduras hizo que fuera nombrado maestro del año.

En las zonas rurales del país hay 29,741 docentes y en las urbanas, 25,307, según cifras del Gobierno.
El ministro de Educación lo conoció en una reunión en la que buscaban que se acelerara el proceso de municipalizar Nahuaterique.

El pedagogo tiene varios sueños que han tomado fuerza en los últimos días. El primero es el equipamiento de su escuela. “Somos dos profesores nada más que damos clases aquí.Vamos a luchar para que nos ayuden a que el camino de La Harada a Las Trojes se mejore y cueste menos llegar. También que la escuela deje de ser de madera y que los niños tengan laboratorios completos para que aprendan computación. Sé que en este rincón del país es difícil que nos ayuden rápido, pero no perdemos las esperanzas”, manifestó Vásquez, mientras tomábamos un café, que suele ser lo único en este recóndito lugar para menguar el frío de la noche.
Su preocupación también es que la escuela no esté legalizada. “Dicen que es de Proheco, pero no tiene personería jurídica aún”.

Jesús les hace un nuevo llamado a las autoridades distritales de La Paz, pues su trabajo es por contrato y no por plaza. Desea tener su puesto fijo para dedicarse tranquilamente a educar a los niños. El salario que recibe es de cinco mil lempiras; al tener una plaza ganaría 8,500. Según información de la Secretaría de Educación, el salario base de un maestro en la zona rural del país debe ser de 9,863.61 lempiras.

El maestro es noble y soñador. Desde pequeño supo que sería maestro y su visión es estudiar en la Universidad Pedagógica de San Pedro Sula, aunque nunca ha viajado a esta zona del país; es más, no conoce las playas.

Confiesa que por el momento prefiere estar soltero y ayudar a su familia, pero aclara que “siempre paso observando los prospectos. En Nahuaterique y en toda La Paz las mujeres son muy hermosas”, dice soltando una carcajada.

Una computadora portátil obsequiada por el ministro de Educación es lo único que conoce de tecnología. Él y sus padres están ahorrando dinero para adquirir un panel solar e iluminar la casa; así podrá usar con frecuencia el ordenador, pues debido a que necesita carga solo lo utiliza cierto tiempo y luego va al centro municipal para cargarlo un poco más.

El fútbol es su mayor afición. Juega en el equipo Sol de América los fines de semana y conoce a la perfección los nombres y posiciones de los jugadores de la Selección Nacional. Sufre como todo hondureño aficionado cuando el Barcelona pierde contra el Real Madrid. Viaja a Marcala para ver los partidos.

Al finalizar, Jesús nos agradece las 24 horas que hemos compartido, convencido de que su pueblo será municipio y que nuestro próximo encuentro será cuando cumpla uno de sus grandes sueños: disfrutar de un partido de la Selección Nacional en el estadio Olímpico de San Pedro Sula.

AYUDA

Si desea apoyar a la escuela El Futuro del Mañana de Las Trojes, Nahuaterique, contáctese con Jesús Vásquez. Escríbale al correo jesusvasquezhn@gmail.com o sígalo en Facebook como Jesús Vásquez.

Historial
Nombre: Jesús Ermelindo Vásquez López
Nació: 29 de octubre de 1990
Estudió: Magisterio en la Escuela Normal Mixta de Marcala, La Paz.
Experiencia: Lleva diez meses como maestro
Pasatiempo Leer libros y ver partidos de la Selección y Olimpia.

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Acerca de Honduras Positiva

Honduras Positiva nace con el deseo de ser una opción donde encontrar pensamientos llenos de optimismo y esperanza. No se limita a solo autores hondureños, aunque muchos escritos son míos y como orgulloso catracho los he agregado y decidido compartir. También todas las fotografías que aleatoriamente cambian en la portada son propias, tomadas en mis diferentes viajes por nuestra bella Honduras. Espero lo disfruten. Fernando
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